“Con un cachito” de Silvia Schujer.

A Felipe le faltaba un cachito. Buscó sobre el escritorio, debajo de la cama y dentro del ropero. Buscó sobre el ropero, dentro de la cama y debajo del escritorio. Y como no lo encontraba, salió de la pieza a

“Con un cachito” de Silvia Schujer.

A Felipe le faltaba un cachito. Buscó sobre el escritorio, debajo de la cama y dentro del ropero. Buscó sobre el ropero, dentro de la cama y debajo del escritorio. Y como no lo encontraba, salió de la pieza a

“Bajo el sombrero de Juan” de Ema Wolf

Nadie en Sansemillas fabricaba los sombreros como Juan. Los más empinados, los más vivos, los más galantes sombreros salían de sus manos. Sombreros de copa, de medio queso, redondos, triangulares, de fieltro, para días nublados, para noches de luna, amarillos,

“Bajo el sombrero de Juan” de Ema Wolf

Nadie en Sansemillas fabricaba los sombreros como Juan. Los más empinados, los más vivos, los más galantes sombreros salían de sus manos. Sombreros de copa, de medio queso, redondos, triangulares, de fieltro, para días nublados, para noches de luna, amarillos,

“¡Sígueme! (una historia de amor que no tiene nada de raro)” de José Campanari y Roger Olmos

Había una vez una selva donde vivía un elefante gordo y gris, con una trompa larga, dos orejas enormes, un rabo pequeño, cuatro patas cortas… Un elefante gris con lunares morados ¡que no tenía nada de raro! Todas las tardes

“¡Sígueme! (una historia de amor que no tiene nada de raro)” de José Campanari y Roger Olmos

Había una vez una selva donde vivía un elefante gordo y gris, con una trompa larga, dos orejas enormes, un rabo pequeño, cuatro patas cortas… Un elefante gris con lunares morados ¡que no tenía nada de raro! Todas las tardes

“Manos”, de Elsa I. Bornemann.

Montones de veces —y a mi pedido— mi inolvidable tío Tomás me contó esta historia “de miedo” cuando yo era chica y lo acompañaba a pescar ciertas noches de verano. Me aseguraba que había sucedido en un pueblo de la

“Manos”, de Elsa I. Bornemann.

Montones de veces —y a mi pedido— mi inolvidable tío Tomás me contó esta historia “de miedo” cuando yo era chica y lo acompañaba a pescar ciertas noches de verano. Me aseguraba que había sucedido en un pueblo de la

“Rey y Rey” de Linda de Haan y Stern Nijland.

Érase una vez una anciana Reina, un joven Príncipe heredero y una gata con corona que vivían en lo alto de una montaña. La anciana dama ya llevaba muchos años reinando y estaba harta y muy cansada. Un día decidió que

“Rey y Rey” de Linda de Haan y Stern Nijland.

Érase una vez una anciana Reina, un joven Príncipe heredero y una gata con corona que vivían en lo alto de una montaña. La anciana dama ya llevaba muchos años reinando y estaba harta y muy cansada. Un día decidió que

“Mil grullas”, de Elsa Isabel Bornemann.

Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos. Porque ellos eran nuevos en el mundo. Tambíen, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y

“Mil grullas”, de Elsa Isabel Bornemann.

Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos. Porque ellos eran nuevos en el mundo. Tambíen, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y

“Cinthia Scoch y la mandarina ridícula” de Ricardo Mariño

Cinthia Scoch era una chica de diez años a la que le gustaban cosas como comer mandarinas mientras paseaba. Un día salió a caminar por un sendero desconocido y en cierto momento vio que a un costado del camino había

“Cinthia Scoch y la mandarina ridícula” de Ricardo Mariño

Cinthia Scoch era una chica de diez años a la que le gustaban cosas como comer mandarinas mientras paseaba. Un día salió a caminar por un sendero desconocido y en cierto momento vio que a un costado del camino había