El señor Peruchio tiene calor, de Ricardo Mariño

Como todas las tardes, el señor Peruchio estaba tomando mates en la vereda, mientras miraba los autos que pasaban por la General Paz. En cierto momento sintió calor y se quitó una campera marrón, de corderoy, que le habían regalado para su cumpleaños.calor intenso

Siguió sintiendo calor después de haberse sacado la campera y tuvo entonces que quitarse un pulóver azul con guardas blancas, del cual opinaba que le había salido muy bueno y que le iba a durar toda la vida.

Miró para la General Paz. Se sirvió otro mate. Pero antes de tomarlo tuvo que secarse la transpiración de la frente con el pañuelo y quitarse una camisa amarilla. Aún así seguía teniendo calor. Se sacó una polera celeste.

Y enseguida una chomba blanca. Y una camiseta verde.

Y de nuevo un pulóver. Y otra camisa.

Para cuando se sacó la remera número ocho varios vecinos estaban a su alrededor, tratando de averiguar qué le pasaba, y se produjo un embotellamiento en la avenida por culpa de los automovilistas que se detenían a mirar al señor Peruchio.

Iba por el pulóver número diecinueve cuando llegaron los de la televisión. Para entonces, una señora se había ofrecido para ir acomodando la ropa en pilas, separando por tipo de prendas y por color.

Un grupo de chicos que ya había conseguido cinco camisetas rojas esperaba que el señor Peruchio se quitara otras seis para poder formar un equipo de fútbol completo.

Sin embargo, el señor Peruchio seguía teniendo calor. Ahora se habían acercado varios doctores,una modista, una cantante de tangos, un esquimal que andaba de paso, Maradona, un fabricante de patinetas, un diputado, varios vendedores de garrapiñadas y mucha gente más, pero ninguno sabía qué hacer.

El señor Peruchio seguía con calor y continuaba sacándose ropa.

De pronto, un gordo que había llegado en un camión gritó que él sabía cómo resolver el problema. Siguió un prolongado silencio y todas las cabezas se volvieron hacia el que había hablado. El Gordo sintió tanta vergüenza que le costó muchísimo hablar. Por fin dijo:

-Yo tengo la solución. En quince minutos vuelvo. Saltó el camión y salió para el lado de Liniers. Cientos de coches, micros, camiones cargados de gente y ciclistas, siguieron al Gordo del camión que sabía cómo resolver el caso.

El señor Peruchio  se quedó únicamente con la señora que acomodaba las pilas de ropa que seguían creciendo. Apenas la mujer alcanzaba a poner una camisa roja en las pilas de camisas rojas, cuando el señor Peruchio ya se estaba sacando una polera gris.

Poco después se empezaron a escuchar bocinazos, gritos, la música del Regimiento de Granaderos. Era el Gordo que regresaba.

Del camión bajaron a un hombre que tiritaba de frío. Era el señor Coluchio.

Al señor Coluchio lo sentaron al lado del señor Peruchio.

La multitud se quedó en silencio y observó nerviosa cuando el señor Peruchio se sacó un pulóver azul con rayitas rojas y se lo pasó al señor Coluchio. El señor Coluchio, temblando, se lo puso en un segundo. Enseguida el señor Peruchio se sacó una polera con lunares verdes y al instante se la puso el señor Coluchio. La muchedumbre empezó a alentar a uno y a otro

Al señor Peruchio le cantaban:

Peruchio, querido, 

sacáte todo abrigo. 

Al señor Coluchio le cantaban:

Se va a abrigar, 

se va a abrigar, 

y va a dejar de tiritar. 

Sin embargo, el señor Peruchio seguía con calor y el señor Coluchio con frío.

Y pasaban las horas.

Ya nadie gritaba. La muchedumbre empezaba a desanimarse. ¿Había fallado la solución del Gordo del camión? Los señores Peruchio y Coluchio estaban cansados y apenas podían sacarse y ponerse la ropa, respectivamente.

El señor Peruchio miró al señor Coluchio con cierta mueca de tristeza.

-Esto no tiene remedio, parece- dijo el señor Peruchio-. ¡Qué calor!

-Qué desgracia- respondió el señor Coluchio-. Tengo frío.

Entonces el señor Peruchio le acarició la cabeza al señor Coluchio y ocurrió algo inexplicable porque los dos hombres se miraron sorprendidos.  El señor Peruchio volvió a tocarle la cabeza al señor Coluchio y los dos sintieron que el calor del señor Peruchio pasaba al señor Coluchio, y que el frío del señor Coluchio pasaba al señor Peruchio. Se abrazaron veinte veces y cada vez volvía a suceder lo mismo. Y más se abrazaban más se le pasaba el calor a uno y el frío al otro, hasta que quedaron bien. Entonces los dos saltaron de alegría y la gente comenzó a gritar, se escucharon bocinazos y la música de la banda de Granaderos; y la radio y la televisión anunciaron a los gritos que se había resuelto el problema de los señores Peruchio y Coluchio.

Ricardo Mariño*

ricardo mariño 2

De “El sapo más lindo”, Ed. Alfaguara Infantil, 2005

portada-el-sapo-mas-lindo_grande

cuentos para seguir creciendo

 

y en “Cuentos para seguir creciendo” (Para los estudiantes que terminan la Educación Primaria), editado por Ministerio de Educación de la Nación y Fundación Mempo Giardinelli, 2007.

*Ricardo Mariño nació el 4 de agosto de 1956 en la ciudad de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, Argentina. Es escritor, periodista y guionista. Entre 1985 y 1988 dirigió la revista literaria Mascaró. En esa época también recorrió distintas provincias argentinas dictando talleres en bibliotecas y escuelas para la Dirección Nacional del Libro. Colaboró para varias revistas y suplementos infantiles como BillikenLa hojitaCordones sueltosHumiA-Z diez y Genios. Fue uno de sus miembros fundadores y, entre 1996 y 1997, integró el Consejo de Dirección de la revista La Mancha. Por su obra literaria —es autor de más de 70 libros para chicos y jóvenes— recibió numerosos premios; entre ellos, el Premio Casa de las Américas 1988 por su libro Cuentos Ridículos.

Para conocer más sobre el autor y su obra, pueden consultar en http://www.imaginaria.com.ar/00/1/marino.htm

en http://www.lecturalia.com/autor/12234/ricardo-marino

y en otras entradas de este mismo blog.

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Acerca de habíaunaveztruz

Me llamo Lorena Udler y vivo en la misma ciudad donde nací, Rosario, Argentina. Soy docente en la escuela primaria pública, trabajé muchos años como maestra de grado y ahora soy directora. Me gusta leer y escribir desde niña. Mi familia me trasmitió el gusto por los libros y las bibliotecas. Cuando empecé a trabajar como maestra, aprendí mucho con mis alumnos y alumnas sobre nuevos textos y otras maneras de crearlos, inventarlos y jugar con ellos. Gracias a los chicxs, en definitiva, mi interés por la literatura aumentó y conocí más autores de la denominada “infantil y juvenil”. Todo esto me entusiasmó y me llevó a estudiar el postítulo de Literatura Infantil de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. La divulgación y la generación de espacios de promoción de lectura es uno de los motores principales de mi trabajo y en este blog. También me gusta mucho cantar y, por esa razón, he incursionado en la interpretación de música popular hace unos años. Todas las expresiones del arte embellecen mi vida. El cine y la plástica también son parte de mi pequeño universo. Así como la idea de que esta belleza necesita de justicia e igualdad de acceso para todxs es uno de los nortes de mi estar y mi hacer.

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