“Más chiquito que una arveja, más grande que una ballena” de Graciela Montes.

Había una vez un gato muy grande.

Tan grande, pero tan grande, que no pasaba por ninguna puerta.

Tan grande, pero tan grande, que cuando estaba enojado y hacía ¡FFFFF! Se volaban todas las hojas de los árboles.

Tan grande, pero tan grande, que cuando hacía ¡MIAUUUU! Todos creían que habían llegado los bomberos porque había un incendio.

Y había también un gato muy chiquito. Tan chiquito, pero tan chiquito, que dormía en una latita de paté y, cuando hacía frío, se tapaba con un boleto capicúa.

Tan chiquito, pero tan chiquito que, cuando andaba de acá para allá, todos lo confundían con una pelusa.

Tan chiquito que, para verlo bien, había que mirarlo con microscopio.El Gato Grande era muy famoso en el barrio.
Todos los vecinos hablaban de él y lo mimaban mucho.

– ¡Qué gato tan hermoso! – decían.
– ¡Los gatos grandes son hermosísimos! – decían.

El Gato Grande comía mucho.

A la mañana bien temprano los vecinos le traían cinco palanganas de leche tibia.

Al mediodía le traían una carretilla de hígado con mermelada (que era su comida favorita).

A la tardecita le dejaban preparada una bañera de polenta, por si se despertaba con hambre en la mitad de la noche.

Cuando los vecinos le traían la comida, el Gato Grande sonreía (porque algunos gatos saben sonreír) y se ponía a ronronear.

Cuando el Gato Grande ronroneaba hacía un RRRRRRRRRRR tan fuerte que todos miraban para arriba porque creían que pasaba un helicóptero por el cielo.

El Gato Chiquito, en cambio, no era nada famoso. Nadie hablaba de él en el barrio y nadie lo mimaba ni un poquito. (En realidad, al Gato Chiquito casi nadie lo veía siquiera.)

Al Gato Chiquito nadie le traía comida nunca. Ni a la mañana. Ni al mediodía. Ni a la tardecita.

Claro que el Gato Chiquito comía muy poco. Con dos gotas de leche tenía bastante. Y una aceituna le duraba una semana. (Al Gato Chiquito le encantaban las aceitunas.)
Cuando el Gato Chiquito encontraba una aceituna, aunque nadie lo veía, también sonreía. Y, aunque nadie lo escuchaba, también ronroneaba.

Un día el gato Chiquito salió a dar un paseo.

Y caminó y caminó por la calle más larga del barrio.

Tip tap tip tap tip tap, caminaba el Gato Chiquito.

Y ese mismo día el Gato Grande también quiso salir a dar un paseo.

Y caminó y caminó por todas las calles, y también por la calle más larga del barrio.

Top tup top tup top tup, caminaba el Gato Grande.

El Gato Chiquito y el Gato Grande caminaron y caminaron. Cada vez que el gato Grande caminaba dos cuadras, el Gato Chiquito terminaba una baldosa.

Y cuando el sol estaba bien alto, pero bien alto, el Gato Grande y el Gato Chiquito se encontraron frente a frente. Los dos en la misma vereda de la calle más larga del barrio.

El gato Grande hizo ¡FFFFF! Para mostrarle al Gato Chiquito que él era el más fuerte. Hizo ¡FFFFF! Para que el Gato Chiquito lo dejase pasar primero.

Pero el Gato Chiquito no se movió de su baldosa. Ni un poquito.

Entonces el gato Grande hizo ¡FFFFFFFF! (Fue un ¡FFFFF! muy fuerte.)

Y el Gato Chiquito rodó como una pelusa hasta el cordón de la vereda.

Y se cayó en charquito tan hondo pero tan hondo que casi se ahoga.

Pero no se ahogó.

Nadó hasta la orilla del charco y se trepó de nuevo al cordón.

(El Gato Chiquito era chiquito, ¡pero valiente!)

Se subió de un salto a un adoquín que había por ahí y él también hizo ¡fffff! (fue un ¡fffff! muy chiquito). El Gato Chiquito hizo ¡fffff! porque él también estaba enojado.

Y ahí se quedaron los dos, frente a frente.

gato grande y chiquito

Al Gato Grande, el Gato Chiquito le parecía más chiquito que una arveja.

Al Gato Chiquito, el Gato Grande le parecía más grande que una ballena.

Entonces el Gato Grande se enojó muchísimo más. Se enojó como sólo pueden enojarse los gatos grandes.

Estiró una pata y sacó las uñas. (Tenía unas uñas filosas como espadas filosas.)

Y ¡zas! Le dio un zarpazo al Gato Chiquito.

Pero el Gato Chiquito no tuvo miedo.

De un salto se subió a la pata del Gato Grande y le tiró con mucha fuerza de los pelos cortitos que le crecían justo al lado de las uñas filosas. (A los gatos les duele muchísimo cuando les tiran de los pelos cortitos, sobre todo si son los que crecen al lado de las uñas filosas)

Miauuuu – maulló el Gato Grande.

Y fue un MIAUUUU tan fuerte que trescientos cincuenta y dos vecinos vinieron a ver qué pasaba. Los trescientos cincuenta y dos vecinos se pusieron en ronda a mirar.

Todos miraban con ojos redondos, pero nadie entendía nada de nada.

Todos veían al Gato Grande, que se revolcaba por el suelo y maullaba y maullaba y maullaba.

Pero nadie veía al Gato Chiquito, que estaba bien escondido entre los pelos del Gato Grande.

Y corría por el lomo… de la cabeza a la cola… de la cola a la cabeza… y se trepaba a una oreja… y se hamacaba en los bigotes… y le hacía cosquillas en la nariz y… AACHUS – estornudó el Gato Grande.

Y los trescientos cincuenta y dos vecinos que miraban con ojos redondos salieron volando por el aire como barriletes.

Todos menos el Gato Chiquito, que estaba bien agarrado del bigote más gordo del Gato Grande y resistió el estornudo.

Los trescientos cincuenta y dos vecinos fueron volviendo, poco a poco.

Ya no tenían los ojos redondos.

Ahora tenían las cejas fruncidas. Estaban bastante enojados.

Se habían dado cuenta de que no le gustaba salir volando por el aire como barriletes.

Tampoco les gustaba tener que oír un MIAUUU más fuerte que la sirena de los bomberos. Empezaron a protestar.

– ¡Este gato está demasiado grande! – decían.
– ¡Los gatos tan grandes son muy molestos! – decían.
Y después todos juntos dijeron:
– ¡Ufa!

Y el Gato Grande le dio vergüenza y se puso colorado (porque algunos gatos se ponen colorados). Entonces el Gato Chiquito se bajó de un salto del bigote del Gato Grande y se empezó a pasear por la vereda. Iba y venía. Y daba otro saltito.

– ¡Oia! ¡Un gato chiquito! – dijeron todos.
– ¡Más chiquito que una arveja! – dijeron.
– ¡Los gatos chiquitos son hermosísimos! – dijeron.

Y desde ese día, en el barrio, los gatos famosos son dos: el Gato Grande y el Gato Chiquito. Claro que las cosas cambiaron un poco.

Los vecinos ya no le dan tanta comida al Gato Grande. Nada más que tres palanganas de leche tibia y media carretilla de hígado con mermelada.

Al Gato Chiquito, en cambio, le llevan dos pedacitos de hígado, tres aceitunas y un dedal de leche cada mañana.

Parece ser que ahora el Gato Grande está bastante menos grande. Cuando hace ¡FFFF! Ya no tira más que diez o doce hojas de los árboles.

Y parece que el Gato Chiquito está empezando a crecer.

Me dijeron que últimamente ya no entra en la latita de paté; se va a tener que mudar a una lata de duraznos en almíbar.

(Lo que no sé es si querrá regalarme el boleto capicúa cuando ya no lo use más de frazada.)

Portada de las primeras ediciones.

El cuento se publicó por primera vez en 1989 con ilustraciones de Sergio Kern.

Nota de la Autora al final del libro:

“A este cuento lo quiero por dos razones: porque es un cuento de gatos y porque, además, es un cuento de lo grande-grande y de lo chiquito-chiquito.

No sé por qué será pero a mí me encanta meter gatos adentro de mis cuentos: tengo gatos que juegan al truco, que viven adentro de un bolsillo, que miran, que sonríen, que critican…Creo que los gatos son hermosos, misteriosos y sabios.

También me gustan las cosas grandes, muy grandes, y las cosas chiquitas, muy chiquitas: las cosas que crecen y siguen creciendo y las cosas que se achican y casi desaparecen. Adentro de mis cuentos hay gigantes que juegan a las bolitas con naranjas y también hay odos que juegan al fútbol con arvejas.

Además, yo sé que cuando lo grande-grande y lo chiquito-chiquito se encuentran suceden cosas extraordinarias, fantásticas y terribles. Y ésas son las cosas de las que quiero hablar en mis cuentos.”

Graciela Montes 

Acerca de habíaunaveztruz

Me llamo Lorena Udler. Nací, me crié y trabajé casi siempre en Rosario, Argentina. Soy docente en la escuela primaria pública, trabajé muchos años como maestra de grado, directora y ahora como supervisora. Me gusta leer y escribir desde niña. Mi familia me trasmitió el gusto por los libros, las bibliotecas y el cine. Cuando empecé a trabajar como maestra, aprendí mucho con mis alumnos y alumnas sobre nuevos textos y otras maneras de crearlos, inventarlos y jugar con ellos. Gracias a lxs chicxs mi interés por la literatura aumentó y conocí más autores de la llamada “infantil y juvenil”. Todo esto me entusiasmó y me llevó a estudiar el postítulo de Literatura Infantil de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. La divulgación y la generación de espacios de promoción de lectura es uno de los motores principales de mi trabajo y en este blog. También me gusta mucho cantar y, por esa razón, he incursionado en la interpretación de música popular hace unos años. Todas las expresiones del arte embellecen mi vida. El cine y la plástica también son parte de mi pequeño universo. Así como la idea de que esta belleza necesita de justicia e igualdad de acceso para todxs es uno de los nortes de mi estar y mi hacer.

  1. maria guastalli

    Hola Lorena … hermosas historias!!!… para leer en voz alta a los chicos/as…graciasss…. abrazote María..

    ________________________________

  2. Silvia

    ¡Muchas gracias por compartir el cuento! Nos encantó ❤

  3. Marilena

    gracias por compartir ese cuento, me encanta porque nos interpela el ángulo con que miramos las cosas.

  4. Virginia Fueyo

    Gracias por compartir la buena literatura infantil!!!
    Fui docente de nivel inicial -me jubilé como supervisora- y ahora realizo talleres de capacitación docente… y leo cuentos a mis nietes con la virtualidad que la pandemia exige y para lo cual los cuentos que has publicado me vienen de maravilla.
    Muchas gracias!!!
    Virginia Fueyo, Mar del Plata.

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