Lectores y lectoras

Mares de palabras 

“Todo comienza con el desasosiego, cuando uno siente que llegó el momento de empezar a chapotear y después internarse medio a ciegas en el oscuro mar de las palabras. 
En ese mar, en donde el que va a escribir se interna con esperanza pero también con desconsuelo, de a ratos buceando y de a ratos sobrenadando, nada es clasificable: hay palabras como peces, algunas oscuras, otras luminosas, pero también otras que son a la vez oscuras y luminosas, y algunas, pesadas, que se vuelven aéreas cuando otra las toca. Con esos peces, se irá haciendo el texto.El que escribe bucea y atrapa, o no atrapa, y vuelve a la superficie, donde amasa, ordena, construye, discurre, y se vuelve a sumergir. Y el texto se va armando con ciertos peces y no con otros, con las palabras en cierto orden. Y cada orden con su constelación de significados, su profunda e irremediable polisemia
(…) El escritor escribe y se lee al mismo tiempo, y al leerse objetiva su texto, lo extraña, lo critica, razona con él, ordena. Pero tendrá que hacerlo sin perder el contacto con el mar, en el que deberá sumergirse una y otra vez, a cada rato, y cuidando de no matar los peces que va atrapando. De ese modo, cuando llegue el tiempo del lector, y el lector se zambulla a su vez en nuestro texto, y atrape nuestros peces -nuestros peces vivos y no muertos-, y los deje caer en su propio y privado mar de palabras, sucederá ese fenómeno único, irrepetible, asombroso, que es la lectura. Algo así como si esas palabras-peces, que se mantuvieron vivas en nuestro texto, se aparearan con las palabras-peces del lector, entraran en lucha con ellas, se fundieran, se deslumbraran unas a otras y crearan un nuevo texto, el texto leído, que es en cierto modo un nuevo escrito. 
Esta fusión entre dos mares de palabras- la lectura-, que produce un estallido de significaciones, explicable con la crítica, iluminable con la crítica, por supuesto, pero no reductible al lenguaje discursivo, sucede sólo cuando tanto el autor como el lector han sido fieles al texto y no han pisado el palito…” 
                                                                                                                   Graciela Montes
fragmento de ¿Qué quiso decir con este cuento? en “El corral de la infancia”, Fondo de Cultura Económica, 2001.
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