Carta al lobo, de Laura Devetach

Caperucita Roja-Tony Ross

Querido don Lobo:
Cuántos años han pasado ¿no? Seguramente Ud. está entrecano y con algún diente postizo, igual que yo. Seguramente tendrá nietos. Yo tengo una que se llama Sidonia. Tuvimos varias discusiones de familia para que no la llamaran con un sobrenombre, Gordi, por ejemplo. Porque tenía unos rollitos que Ud. se hubiera almorzado con fruición.

Hablé con mi hija y mi yerno y les conté lo feo que fue para mí darme cuenta, ya de grande, que mi nombre real se borró de un saque porque a mi abuela se le ocurrió llamarme para siempre como a esa capucha roja hecha por sus propias manos. Y lo peor es que yo no me daba cuenta. Y el mundo entero la apoyó.

Ud. se preguntará por qué le escribo. Bueno, ya que no lo maté cuatro o cinco veces como por momentos tuve ganas, hoy quiero atar algunos hilos sueltos de nuestra historia.

Quiero contarle por ejemplo que yo fui al bosque porque mi mamá, con esa maldita costumbre que suelen tener muchos grandes, me mandaba de delegada frente a mi abuela en lugar de ir ella. ¿No le parece arbitrario que mamá (sin motivos conocidos) mande a nena chica a que atraviese bosque con lobo para llevar manteca y tortas a abuela enferma? No entiendo por qué, si Ud. estaba en el bosque y ella lo sabía y también sabía de su apetito, esa mamá mía no me acompañó o me enseñó a defenderme.

¿A Ud. le enseñaron algo sobre las chicas que iban al bosque? Seguro que le dijeron que yo solamente era ‘comida’ y que para ser un buen lobo había que comerse una chica.

Bueno, ahí andaba yo, sola. Pero el bosque estaba lleno de otras cosas. Además de las flores con las que mi mamá me dijo que no me entretuviera, había pájaros, escarabajos que hacían divertidas pelotas, cañas para hacer flautas, olores misteriosos. Me llené de preguntas. ¿Por qué las palomas hacían nidos tan pero tan chatos que los huevitos se les caían? ¿Por qué el pino y su fruto, la piña, tenían la misma forma puntiaguda? Si se lo preguntaba a mamá o a mi abuela me contestaban: ‘Porque sí’ o ‘Porque Dios lo quiso’, o que una chica debe estar ocupada y no andar preguntando pavadas. Alguna vez el leñador me enseñó a orientarme en el bosque mirando de qué lado crecía el musgo en los árboles. Pero no lo terminé de entender, y lo veía tan poco…

Yo sentía que tanto mi mamá como mi abuela siempre tenían razón. Y esa mala costumbre de que no se me escaparan pensamientos me ponía bastante mal. Cuando me encontré con Ud. sólo recordé la advertencia de mamá: ‘Cuidado con el lobo’. Pero –me dije atolondrada- ¿cuidado de qué?

Encima me había entretenido con las flores, dos pecados juntos, pensar si la vieja no estaría equivocada y tirarme una canita al aire. Para colmo Ud. era amable, poderoso y pícaro. Con una sola pregunta, con tres frases que me dijo, logró que yo le ubicara la casa de mi abuela que fuéramos los dos para allá, y encima, Ud. por el camino más corto y yo por el más largo. La muy mamerta sólo hizo lo que sabía: obedecer.

Después, cuando entré a la casa y mi abuela salió con esa idea de que me sacara la ropa y me acostara con ella, me sentí para el diablo, pero a los mayores no se los contradice y menos si están enfermos.

A partir de ahí poco y nada recuerdo. Sólo el miedo y la oscuridad.

Dicen que Ud. me comió entera. Gracias, eso ayudó a que saliera bien parada. El leñador se portó, hizo lo suyo ese muchacho. La que salió muy enojada fue mi abuela que repetía todo el tiempo: ‘Yo le dije a tu madre, yo le dije a tu madre.’

En fin, don Lobo, pasó mucho tiempo. Pero cuando yo salí de su panza y pude sacudirme un poco el susto, me dije: ‘A éstas ya no les hago más caso.’ No sé si Ud. seguirá tan bestia como antes o cambió un poco después de semejante experiencia. Lo que sí sé es que sigue vivito y coleando y tiene hijos y nietos como yo. Y que algo podría haber pensado sobre estas cosas.

Mi mamá y mi abuela siguen diciendo que verdades eran las de antes y que las mujeres no tenemos que pensar pavadas porque ésa es la voluntad de Dios y si no, nos come el lobo. También es cierto que mi mamá a veces me mira con curiosidad y una chispa verde parecida a la envidia.

La historia, para mí, siguió para adelante con mi hija, con la nieta. Cada tanto la pequeña Sidonia tiene que cruzar el bosque. Eso es inevitable, ni siquiera es noticia. Siempre se encuentra con todo lo probable de encontrar en un bosque. Pero ella sabe algo sobre esas cosas. ¡Con los tiempos que estamos viviendo!

La última vez se encontró con un lobito bastante piola y se hicieron tan pero tan amigos que no dan para personajes de cuentos como el que vivimos nosotros. Me alegro. Aunque parezca mentira, algo cambió en este mundo y por lo menos esta nieta mía necesita un cuento diferente.

Desde todos estos años que me sirvieron para mirarme mejor, lo saluda atte.

Caperucita Roja

Mayo 1989

oficio de palabrera devetach

Este texto es de Laura Devetach*y fue publicado en “Oficio de palabrera. Literatura para chicos y vida cotidiana”, Edic. Colihue, Bs. As. 1991. Reeditado en 2012 por Edit. Comunic-Arte.

Esta Carta de Laura Devetach me acompaña desde hace unos años en que tuve la fortuna de encontrarla por el espacio virtual y compartirla con mis compañeras del Postítulo de Literatura Infantil que entonces cursábamos. El desenfado y el cuestionamiento de la obediencia y la sumisión de Caperucita y el juego para desplazarse del cuento original y su objetivo moralizante, me encantaron. Mirar a Caperucita desde las mujeres de hoy es un ejercicio genial y reivindicatorio. Y la frase final “Desde todos estos años que me sirvieron para mirarme mejor”que expresa la sabiduría del devenir de la vida, el deseo de emancipación y rebeldía contra el status-quo y por qué no, desde una perspectiva de género, es el remate perfecto con el me siento identificada. Chapeau, Laura!

Caperucita, además, sigue manteniendo la fascinación de los clásicos que han formado parte de los relatos de infancia y que han sido releídos, recreados, puestos en cuestión. Mucho más sobre ella en un artículo muy recomendable de Elisa Boland: “Algunas palabras bastan: niña, abuela, bosque, flores, lobo y ¡Caperucita por siempre!”

http://www.imaginaria.com.ar/17/7/caperucita-roja.htm

http://www.imaginaria.com.ar/2012/12/los-cuentos-de-charles-perrault-cuentos-maravillosos-o-documentos-historicos/

 

caperucita Doré

 

 

 

 

principal-laura-devetach_grande*Laura Devetach nació en Reconquista, provincia de Santa Fe, en 1936. Es una reconocida escritora y docente. Es Licenciada en Letras Modernas, por la Universidad Nacional de Córdoba. Ha escrito cuentos, obras de teatro y libretos de televisión, además de realizar un importante trabajo de recopilación de relatos, poemas, dichos y coplas populares. Colaboró en los medios Clarín, Vivir, Billiken y Humi. Fue directora de colecciones de libros para niñxs; coordinadora de talleres de escritura y grupos de reflexión sobre temas de Literatura y Literatura infantil y juvenil; coordinadora de talleres y encuentros con niños y adultos en todo el país; panelista invitada en congresos nacionales e internacionales. Es una de las precursoras del grupo de autores que ha conformado la renovación en el campo de la literatura infantil en nuestro país (Elsa Bornemann, Graciela Montes, Ricardo Mariño, Ema Wolf, Gustavo Roldán, entre otrxs), con el propósito de trascender el contenido pedagogizante y escribir sin fronteras etáreas. Su obra fue prohibida durante la última dictadura militar.

Entre sus obras para adultos se encuentran Oficio de palabrera y Se me pianta un lagrimón. Entre las obras para chicos, La torre de cubos; Monigote en la arena; Quién se sentó sobre mi dedo; Un cuento puaijjj; Muchas patas; El ratón que quería comerse la luna; Una caja llena de….; Cuentos que no son cuento; El paseo de los viejitos; El hombrecito verde y su pájaro. Recibió muchísimos premios, entre ellos, Integrante de la Lista de Honor de la Organización Internacional para el libro juvenil (IBBY) 1986, y Premio Casa de Las Américas 1975, en el rubro Literatura infantil-juvenil, por Monigote en la arena. Premio estímulo a la producción literaria Fondo Nacional de las artes 1964, por La torre de cubos. Premio Argentores 1972, por Bichoscopio, Buenos Aires. Premio Trayectoria – ALIJA. Lista de Honor de ALIJA 1993, por el texto de Milongas tamaño alpiste, poemas. Lista de Honor de ALIJA, 1996 por Libro Total: Pobre Mariposa y Se me pianta un lagrimón. Su libro teórico La construcción del camino lector recibió la distinción Destacado ALIJA 2008. Es Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba desde 2009.

Dice Laura en un precioso texto autobiográfico *:

Seguramente, mientras yo nacía un 5 de octubre de 1936, mi mamá trabajaba atendiendo el notorio arribo y a la vez pensaba si mi abuela podría darse vuelta sola en la casa con tanto trajín. Seguramente lloraba al verme así, toda recién nacida y tan gritona y pensaba en mi nombre, mientras también pensaba en el almuerzo de mi papá.

Mientras escribo esto y tomo un mate con peperina y espero que vengan a retirar un paquete de una editorial y en el horno se dora una calabaza cortada en rodajas, a la manera de mi abuela, quiero compartir los mientras. Porque para mucha gente son una forma de vida, sobre todo si se es mujer, se trabaja con chicos y a una se le da por ser artista.

Mi vida tuvo, entre otras, dos facetas bien marcadas: la de laburante y la de artista. Muchos creen que quien anda escribiendo, pintando o cantando, muy laburante no es, porque el de artista no es trabajo. A veces se dio la buena y una pudo hacer un poco de televisión, teatro y libros. Otras veces, las más, fue el momento de los mientras, Mientras soy docente, cuido de la famlia, hago notas periodísticas o talleres, puedo también ser artista.

Me recibí de maestra con guardapolvos de tablas impecables y buenas notas. En 1956 fui a trabajar a un pueblo del norte de Santa Fe. Tenía un segundo grado con 56 alumnos que oscilaban entre los siete y los diecisiete años. Daba clases, según el día, en la sala de música, en ritmo de Febo asoma, o en una iglesia vieja que se había convertido en palomar. Y las palomas eran comilonas. Y nosotros estábamos abajo.

En esa época escribía lo que me saliera en papelitos sueltos o en un cuaderno de tapas duras que después se me perdió. Los papelitos jamás se pierden. Estudiaba Letras en Córdoba, así que viajaba casi veinticuatro horas para rendir. Eso no le gustaba nada al director.

Mis alumnos trabajaban casi todos en la cosecha del algodón y de la caña. Y nosotros teníamos la obligación de darles deberes. Un día reté a un gordito de rulos por no cumplir. Yo los perseguía, porque una maestra de verdad tenía que ser severa, qué tanto. Pero el gordito me dijo: ¡Qué deberes! Yo trabajo en el campo. A la escuela hay que venir a descansar.

Entonces inauguré los cuentos. Pero no podía usar la biblioteca porque el dire decía que los libros se gastaban. Llevé mis libritos de infancia, muchos, queridos, ajados. También les pedí a los chicos que contaran los cuentos que sabían. Y ese contar fue glorioso porque salieron el lobizón, el zorro, el Pombero, ánimas, asesinatos varios, adulterios en la familia, canciones de Italia, refranes, oraciones.

Nuestro pizarrón era la tierra del patio o la arena. Aprendí mucho. El guardapolvo planchado se me fue derritiendo con el viento norte y algunas lágrimas. A los chicos les dejé mis libros de infancia.

Me fui a Córdoba a terminar los estudios. Allí vinieron amigos, amores, hijos, profesión. Movidas y ricas épocas de final de los 50, 60 y 70 durante los que la vida de artista se encontró a veces con la del trabajo, y dar clases en la universidad significó para mí poder montar una obra de teatro.

Pero el panorama político venía complicado. En los 70 actuaban las Tres A y ya había personas muertas y desaparecidas. En 1976 llegó el golpe militar con más desapariciones de personas, quemas y prohibiciones de libros y manifestaciones artísticas, gente que se exiliaba. Con mi familia nos trasladamos a Buenos Aires.

Cada lugar en que viví me dio lo mejor que tenía, se metió en mis libros sin permiso. También están las marcas de la historia en todos los que escribimos durante esas épocas, aunque no se hayan mencionado siquiera las palabras proceso militar.Quizás alguien debiera investigarlo alguna vez.

Hoy trabajo desde cada lugar para que todos podamos leer más cuentos, novelas y poemas, es decir ficción y poesía, porque estoy convencida de que esta práctica agiliza otras formas de conocer y de pensar. En la ficción y en la poesía hay, además de ideas, nociones, sensaciones, emociones, que pueden llevarnos a leer y sentir la realidad de otra manera. A veces, a ver lo que no vemos y sin embargo está ahí.

 

*Para conocer más sobre la autora, consultar en : http://www.imaginaria.com.ar/02/1/devetach2.htm

y en http://es.wikipedia.org/wiki/Laura_Devetach

LA ILUSTRACIÓN DE CAPERUCITA ROJA ES DE TONY ROSS (su reseña aparece en el enlace de Imaginaria)

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Acerca de habíaunaveztruz

Me llamo Lorena Udler y vivo en la misma ciudad donde nací, Rosario, Argentina. Soy docente en la escuela primaria pública, trabajé muchos años como maestra de grado y ahora soy directora. Me gusta leer y escribir desde niña. Mi familia me trasmitió el gusto por los libros y las bibliotecas. Cuando empecé a trabajar como maestra, aprendí mucho con mis alumnos y alumnas sobre nuevos textos y otras maneras de crearlos, inventarlos y jugar con ellos. Gracias a los chicxs, en definitiva, mi interés por la literatura aumentó y conocí más autores de la denominada “infantil y juvenil”. Todo esto me entusiasmó y me llevó a estudiar el postítulo de Literatura Infantil de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. La divulgación y la generación de espacios de promoción de lectura es uno de los motores principales de mi trabajo y en este blog. También me gusta mucho cantar y, por esa razón, he incursionado en la interpretación de música popular hace unos años. Todas las expresiones del arte embellecen mi vida. El cine y la plástica también son parte de mi pequeño universo. Así como la idea de que esta belleza necesita de justicia e igualdad de acceso para todxs es uno de los nortes de mi estar y mi hacer.

  1. Liliana

    Maravilloso!!!! Un cariñoso saludo y un enorme GRACIAS !!! a Laura por la magia de sus palabras!!!!

  2. Reblogueó esto en Biblioteca Mafalday comentado:
    Gracias por tanto, genios de la Literatura Infantil y Juvenil!

  3. Ana Maria Alejandra Taleb

    Hermoso!!! Más palabras no hacen falta, si en mi mente pasan tantas cosas narradas, cuando niña no tenia libros, pero recuerdo que el abuelo de un amigo, nos contaba la caperucita roja, hoy lo cuento a mis niños en el jardín y a mis niñas en casa… Es mágico!!!! .

  4. Adriana Fernandez Ruffer

    Hermosa su historia. Hermoso Los cuentos. Me encanta escribir y expresar en ellos la realidad, nuestros sentimientos y un poco la imaginacion. Me emociono y me transporto a mi ninez el cuento de caperucita. Realmente cuantas cosas podemos escribir con un poco de imaginacion. Me gustaria que me envien informacion. Soy Adriana y Vivo en Carolina del Sur. Un saludo!!!!

  5. Gracias a todxs por los comentarios, los reblogueos y las compartidas! Es un gran gran texto de la inmensa Laura Devetach. Me alegra enormemente que la literatura nos vinculemos en estos espacios virtuales.

  6. Pingback: Deseos para todxs en 2017. Textos para acompañar el inicio del año- y más-. Devetach, Gramsci y Lima Quintana | habíaunaveztruz

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