Homenaje a Gustavo Roldán

 

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“Aspiro a escribir textos donde la cantidad de años que tenga el lector no sea más que un accidente como el verano o la lluvia o el frío.”

“Creo que la literatura para chicos es literatura. O debería ser. Los chicos tienen que leer cualquier cosa que se les cruce en el camino, y decidir por su cuenta si les interesa o no, y cambiar o pedir más. Cada uno, solo, y a pesar de las ayudas, irá encontrando el camino de su crecimiento, porque esto también es un problema de soledad. Llevarlos siempre de la mano puede ser demorar etapas o saltearlas de manera arbitraria. Acompañarlos, sí, pero dejando abiertas las puertas para experiencias personales, dejándolas abiertas para ir a jugar.”

 (de su Autobiografía en http://www.imaginaria.com)

El texto que sigue  fue originalmente publicado por el Plan Nacional de Lectura en http://www.planlectura.educ.ar el 03/04/13, con motivo de un aniversario de su pérdida física. A lo largo de él van a encontrar algunas imágenes de las portadas de varios de sus cuentos emblemáticos. Al final, agrego algunos enlaces para compartir y disfrutar algunas de sus obras.

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A un año del fallecimiento del autor que supo reinventar la literatura infantil argentina y que nunca se cansó de visitar escuelas y bibliotecas para contarles a los chicos historias atrapantes de animales pícaros y paisajes de campo abierto, les acercamos la reseña de su huella, su obra y el recuerdo de sus pares, los escritores. Reviviendo la magia.

Aunque Don Sapo proteste. 

Escritor, editor, mentor, maestro. 

” Entre salto y salto quiero hacer algunas aclaraciones. Ese Gustavo Roldán firma los cuentos, pone su nombre en la tapa, sale en una foto grandota, pero ¿qué hizo? Escribió las historias del sapo, mis historias y después se lleva toda la plata.
Si ésta no es una injusticia del mundo ¿dónde están las injusticias? Pero no importa, al final los buenos siempre triunfan. Y entonces de ese Gustavo nadie se va a acordar, nadie lo va a querer, aunque tenga el mérito de ser chaqueño, ser un buen carpintero y tener un pedazo de sangre de indio.
Este no es el primero que me roba, ya antes un titiritero pícaro que se llama Javier Villafañe se anduvo metiendo con mis sueños para hacerse rico y famoso.
¿para cuándo una foto del sapo? ¿Para cuándo una foto de mi amigo el piojo? Y encima el dibujante, ese Raúl Fortín, nos pone en la parte de atrás de la tapa, con esos dibujitos que mejor ni hablar.
Entre salto y salto, vamos a dejar una cosa bien en claro:
¡El sapo no se rinde!
​                                    El sapo” 
*Carta a los chicos, en el libro “Cada cual se divierte como puede”, Libros del Malabarista.
¿Qué significa que un escritor es un GRAN escritor? ¿Qué implica decir que un escritor es prestigioso, memorable? ¿la cantidad de libros publicados? ¿los premios ganados?
Probablemente estas variables tengan su peso en un intento de respuesta, pero si de
Gustavo Roldán hablamos, son imprecisas, con seguridad.
Escribió de maravillas, ya todos lo sabemos, pobló la literatura infantil de bichos y animales con voces y relatos únicos y los hizo hablar del monte, pero también de política y de relaciones humanas en tiempos tormentosos.
Empezó a publicar en la década del ochenta, cuando sus hijos ya grandes le preguntaron por qué no escribía los relatos que les había contado cuando eran chicos. Él respondió que no se los acordaba, entonces ellos le recordaron aquellas historias que les había narrado en los sesenta, que a su vez eran cuentos que Roldán había escuchado de chico, cuando sus días transcurrían en el monte chaqueño.
el monte era una fiesta
Así apareció en 1984 su primer libro El monte era una fiesta y luego vinieron como El traje del Emperador,Historia de Pajarito RemendadoComo si el ruido pudiera molestar,El vuelo del sapo, entre tantos otros. También tradujo y adaptó obras clásicas de la literatura universal, como la versión libre de El diablo en la botella (Libros del Quirquincho, 1987); la adaptación de los cuentos de Saki en Cuentos crueles (Colihue, 1994); la recreación de las historias de Las mil y una noches (en la serie Los Fileteados, Colihue, 1997 y 1998);   la versión libre Las aventuras de Pinocho, en colaboración con Laura Devetach. También recopiló y adaptó textos originarios de la India, del Japón, de Siria, de Rusia, del África, entre otros.
También desempeñó un rol fundamental como director de colecciones de libros para chicos, donde además de su mirada fina sobre la literatura y de dar espacio a nuevos autores, produjo quiebres importantes en el campo, tanto desde lo pedagógico, como desde lo ideológico y estético.
Pajarito Remendado de Ediciones Colihue tuvo su impronta y la de su compañera, la escritora Laura Devetach. Una colección económica que se adquiría en librerías, pero también en kioscos de diarios, donde no aparecían las edades lectoras, sino que cada género se identificaba con un color: clásicos de la literatura universal, cuentos populares argentinos y latinoamericanos; relatos de autores contemporáneos, entre otros. Así promovió la circulación de textos de autores ya consagrados como Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm, Enrique Banchs, Carlo Collodi, Conrado Nalé Roxlo, Javier Villafañe y nuevas voces locales, como Ema Wolf, Graciela Montes, Oche Califa, Ricardo Mariño, Silvia Schujer, Graciela Cabal.
 “Mis primeros pasos en la literatura infantil están asociados a Gustavo Roldán. El fue mi primer editor, en rigor primer editor del trío que componíamos con Oche Califa y Horacio López, y para nada fue ese su único gesto de generosidad y apertura hacia, en ese momento, nuevos autores. Con los años compartí muchos momentos con él y la imagen que me queda, más allá de su enorme aporte como protagonista de la literatura infantil argentina, es la de un tipo que parecía estar siempre jugando: sus comentarios, sus gestos, y su presencia eran, como sus libros, una sutil mezcla de compromiso, juego y humor, recuerda Ricardo Mariño.
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Como editor, también ideó y fue responsable de la novedosa colección Libros del Malabarista, donde se publicó teatro, novelas, cuentos y poesía y produjo grietas en la idea naturalizada de esa época, cuando se creía que todos los libros infantiles tenían que tener ilustraciones. Estos libros eran para chicos que querían leer libros “llenos de letras”, tal como lo hacían los adultos.
Luego llegaron los libros de Los Morochitos, donde textos poéticos tenían ilustraciones sólo en blanco y negro y más tarde Los Fileteados, que puso el foco en textos nacidos en la literatura oral.
¿Y qué más? Bueno, también promovió la creación de concursos de escritura e ilustración donde nuevos creadores empezaron a aparecer en escena y reflexionó sobre la literatura en general, a través de ensayos, reseñas y críticas literarias.

Un andante

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Distintos lentes por los cuales mirar a Gustavo Roldán. Y hay otros, singulares, que quizás se acerquen más a la pregunta inicial: ¿qué hace que alguien sea un gran escritor? Y es que el escritor también fue profesor y caminante en las escuelas, las bibliotecas, las ferias de libros. Estuvo cerca de los lectores y también de los escritores. Anduvo con los cinco sentidos bien atentos.
“Recuerdo cuando me decía que para escribir hay que escuchar: escuchá las conversaciones en el colectivo, fíjate qué dicen las señoras cuando elijen las verduras al hacer las compras…escuchar la gente, lo cotidiano”, escribió Paula Martín en las redes sociales al momento de enterarse de su muerte.
En la misma sintonía, Silvia Paglieta recordaba: “Mi hija creció leyendo sus cuentos y yo me formé como profesional conociendo su literatura. Pero lo más importante que recuerdo son las clases que tomé en su taller. Allí aprendí lo que es escribir literatura, aprendí a correrme del afán didáctico y pedagógico. Y luego, su saludo cariñoso diciéndome: esto está muy bueno, pero ojo, nunca cuelgues el cuadrito”.
El escritor chaqueño, que vivía en Buenos Aires fue un gran mediador, en épocas donde esta palabra no estaba en auge. Fue mediador entre los relatos del monte y los libros, entre los escritores y los editores, entre las historias y los docentes, las bibliotecarias, los alumnos. Se acercó a los lectores, con sus libros pero también con su presencia y demostró que los escritores son de carne y huesos y que las historias dan trabajo; todos pueden escribir, pero hay que ponerle el cuerpo.
“¿Viste? Era un grande. Fue la primera persona a la que consulté cuando quería escribir literatura infantil. Fui a verlo a su casa en el Once, y charlamos. Yo tendría 25 años. Me dijo que era difícil, que tenía que demostrar garra. Que le siguiera enviando cosas. Me dijo que había que resistir. Que escribiera. Duro, pero realista. Lo quise siempre. Su sapo es único en nuestra literatura, su arca de Noé, su humor, su desfachatez. Fue un maestro”, recordaba Patricia Suárez hace un año.

 el regreso del bicho colorado¿Habrá hoy un momento de silencio en el interior profundo del monte chaqueño? ¿Lo harán el sapo, el quirquincho, el tatú? O tal vez lo propongan los bichos colorados, y hagan caso los piojos, las pulgas, algún zorro, los ñandúes. Quizás también se acerquen los pájaros. Todos los protagonistas de la obra literaria de Gustavo Roldán, para quien lo importante era “escribir textos donde la cantidad de años que tenga el lector no sea más que un accidente, como el verano o la lluvia o el frío”, según afirmaba en su autobiografía.

 “Con su escritura, Gustavo reposicionó el lugar de aquella narrativa cuyas fuentes están en el folclore y la trasmisión oral. Es una literatura que cuando se lee, uno cree estar oyéndola. Esto indica, además, que en quien escribe está presente el lector o el supuesto o real auditorio; no lo hace para su exclusivo deleite. Es una literatura que siempre gustará porque se siente fresca y porque puede tocar varias cuerdas a la vez: la aventura y el humor, la picardía y la enseñanza. Por
esto mismo, lo de él tenía un aire rural y provinciano que no era frecuente en su generación y en la actual”, aseguró el escritor Oche Califa.
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 “Roldán es uno de los nombres consulares de la literatura para niños en la Argentina. Junto a María Elena Walsh, Graciela Cabal y Laura Devetach, Gustavo forma parte de una generación excepcional. Fueron los pioneros”, indicó Mempo Giardinelli, quien al ser consultado sobre por qué recomendaría la lectura de sus cuentos en las escuelas, precisó: “Por su imaginación, que supo dar vida al monte chaqueño de un modo muy personal y apreciado por chicos y chicas. Gustavo tenía un conocimiento de esa fauna que se nota en lo genuino de sus historias”.
piojo caminador
Es que en sus relatos, la naturaleza se sentía a través de los poros: “el río de aguas marrones corría bordeado por las sombras de los árboles. Pequeños remolinos jugaban con las hojas que caían bailoteando en el aire. Y un rumor de abejas flotaba en la tarde”; escribió Roldán en su cuento “Un monte para vivir”, una historia en la que el mono, el coatí, el quirquincho y la pulga son capaces de desafiar al tigre que quería imponerles temor y apropiarse de sus tierras.
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“Gustavo aportó desparpajo, gracia. No concebía la literatura educativa, tributaria de las instituciones que “moldean las frágiles almitas”. Por suerte, empezó a escribir antes de que se inventara la corrección política; estimo que nunca llegó a enterarse de qué era eso. El haber quedado fuera de esa zona restringida, le permitió acertar y equivocarse: las dos únicas cosas que tienen sentido, cuando uno escribe”, señaló la escritora Ema Wolf.

 

Recuerdos personales

La voz de Roldán permanece en los más de setenta libros que dejó publicados. Por citar algunos, “El día de las tortugas”, “Historia de Pajarito Remendado” -que dio lugar a la colección que lleva el mismo nombre-, “El carnaval de los sapos”, “Prohibido el elefante”, y “Todos los juegos el juego”, entre tantos otros.
Pero también están quienes tuvieron la dicha de conocerlo en persona y atesorar entre sus recuerdos una historia suya, alguna anécdota compartida, un momento que pueda atravesar el tiempo y el espacio para hacerse presente.
la pulga preguntona
“Mi primer libro publicado fue en una colección que él dirigía. Con eso podría decir todo. Sin embargo, no puedo olvidar que cuando nos sentamos uno junto al otro en un almuerzo de fin de año, poco antes de su muerte, al despedirnos él me miró y me dijo: “Qué suerte, Oche, que viniste, qué gusto poder charlar un rato con vos”. Me quedaron estas palabras porque no las esperaba. Hubiese supuesto un chiste mordaz de despedida o un nos vemos en la próxima. Es más, no solo recuerdo las palabras, mientras escribo esto puedo ver su cara de genuina alegría diciéndolas”, contó el autor de “La vuelta de Mongorito Flores”, “Esqueleto final”, “Cuatro o cinco vueltas por el mundo” y “Canciones sin corbata”, entre otros libros.
“Recuerdo su emoción y alegría de la noche en que lo homenajeamos en el Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, que organiza nuestra Fundación en Resistencia. Ante mil personas que lo aplaudían de pie, jamás le vi los ojos con tanto brillo. Y su lectura esa noche fue memorable”; precisó el escritor Mempo Giardinelli.
 “Visitamos escuelas por los mismos años. Cuando yo llegaba, él ya había dejado en el aula un tendal de bichos y, últimamente, sus pruebas de magia. Los chicos estaban encantados. Los de zonas rurales, supongo, porque les hablaba de lo que él y ellos tenían en común, lo que conocían, y que otros autores ignorábamos. A los chicos de ciudad se los ganaba contándoles aventuras de animales exóticos, como los sapos”, rememoró Ema Wolf, quien además destacó: “Gustavo fue el único vozarrón de la literatura infantil. Muy útil cuando había que discutir con el editor de turno porque no nos pagaba”.

 Algunos cuentos 

“Piojo caminador”,
por alumnos y alumnas de 2do. grado de la Esc. N° 345 de Lamarque, Río Negro
 
“El trompo de palo santo” 
 “Historia de Pajarito Remendado” (en versión para escuchar y otra para leer)
Para escuchar:
pajarito remendado
 ” El árbol era como una fiesta de cantos y colores. Docenas, cientos, miles de pajaritos de toda clase se juntaban para ensayar sus canciones apenas amanecía. Y entonces el día parecía más lleno de luz y el monte se vestía de fiesta.Ahí estaban todos los pajaritos. Estaba el tordo pico blanco y la calandria, la torcacita y el cardenal, el siete colores y la viudita, la cotorrita verde y el hornero, la tijereta y el picaflor.Estaban todos y también estaba Pajarito Remendado.Y aquí comienza la historia porque, al fin y al cabo, ésta es la historia de Pajarito Remendado.Se llamaba así desde que una tarde, peleándolo, la urraca le gritó:- Cra cre cri, Pajarito Remendado, cri cro cru.
Y así le quedó el nombre para siempre, porque sus plumas de distintos colores parecían los remiendos de un traje viejo.
Ese día en que el árbol era como una fiesta de colores, Pajarito Remendado se posó en la rama más alta. Y ahí, mientras silbaba a todo silbar, pasó un aguilucho y, rápido como rugido de sapo, cayó sobre Pajarito Remendado y se lo llevó por los aires.- Ya tengo comida para mis pichones -pensó contento el aguilucho, con el pajarito apretado en el pico.
– ¡Se llevan a Pajarito Remendado! ¡Se lo lleva el aguilucho! -gritaban los pájaros desde las ramas.
– ¡Se lo lleva el aguilucho! -gritaba el tordo.
– ¡El aguilucho se lo lleva! -gritaba la paloma.
– ¡Que lo suelte, que lo suelte! -gritaba la calandria.Muerto de miedo, Pajarito Remendado pensó que se acercaba su hora, pero los gritos le dieron una idea.- ¡Que lo suelte, que lo suelte! -seguían gritando todos.
– Señor aguilucho -dijo Pajarito Remendado-, mire qué pájaros meteretes.El aguilucho siguió volando, pero miró con curiosidad el árbol lleno de gritos.- Sí señor aguilucho, no puede ser que se metan en los problemas ajenos.
– ¡Que lo suelte! ¡Que lo suelte! -seguían los gritos.
– ¡Esto no puede ser! -dijo Pajarito Remendado- ¡Dígales que qué les importa!
– ¡Qué les importa! -gritó el aguilucho abriendo grande el pico.Pero cuando terminó de hablar se encontró con el pico vacío, y vio a lo lejos que Pajarito Remendado se escapaba, riéndose a más no poder. Se escapaba, todavía un poco muerto de miedo, pero un mucho muerto de risa.”
Gustavo Roldán

Un cuento para escuchar y mirar

De la serie “Cuentos de sillón”, el actor Carlos Belloso narra “Animal de pelea” 

http://www.youtube.com/watch?v=P_y-jJbFXMs

Como si el ruido pudiera molestar

como-si-el-ruido-pudiera-molestar-gustavo-roldan-norma_MLA-F-3029639435_082012Fue como si el viento hubiera comenzado a traer las penas. Y de repente todos los animales se enteraron de la noticia. Abrieron muy grandes los ojos y la boca, y se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir.

Es que no había nada que decir.

Las nubes que trajo el viento taparon el sol. Y el viento se quedó quieto, dejó de ser viento y fue un murmullo entre las hojas, dejó de ser murmullo y apenas fue una palabra que corrió de boca en boca hasta que se perdió en la distancia.

Ahora todos lo sabían: el viejo tatú estaba a punto de morir.

Por eso los animales lo rodeaban, cuidándolo, pero sin saber qué hacer.

—Es que no hay nada que hacer —dijo el tatú con una voz que apenas se oía—. Además, me parece que ya era hora.

Muchos hijos y muchísimos nietos tatucitos miraban con una tristeza larga en los ojos.

—¡Pero, don tatú, no puede ser! —dijo el piojo—, si hasta ayer nomás nos contaba todas las cosas que le hizo al tigre.

—¿Se acuerda de las veces que lo embromó al zorro?

—¿Y de las aventuras que tuvo con don sapo?

—¡Y cómo se reía con las mentiras del sapo!

Varios quirquinchos, corzuelas y monos muy chicos, que no habían oído hablar de la muerte, miraban sin entender.

—¡Eh, don sapo! —dijo en voz baja un monito—. ¿Qué le pasa a don tatú? ¿Por qué mi papá dice que se va a morir?

—Vamos, chicos —dijo el sapo—, vamos hasta el río, yo les voy a contar.

Y un montón de quirquinchos, corzuelas y monitos lo sigueron hasta la orilla del río, para que el sapo les dijera qué era eso de la muerte.

Y les contó que todos los animales viven y mueren. Que eso pasaba siempre, y que la muerte, cuando llega a su debido tiempo, no era una cosa mala.

—Pero don sapo —preguntó una corzuela—, ¿entonces no vamos a jugar más con don tatú?

—No. No vamos a jugar más.

—¿Y él no está triste?

—Para nada. ¿Y saben por qué?

—No, don sapo, no sabemos…

—No está triste porque jugó mucho, porque jugó todos los juegos. Por eso se va contento.

—Claro —dijo el piojo—. ¡Cómo jugaba!

—¡Pero tampoco va a pelear más con el tigre!

—No, pero ya peleó todo lo que podía. Nunca lo dejó descansar tranquilo al tigre. También por eso se va contento.

—¡Cierto! —dijo el piojo—. ¡Cómo peleaba!

—Y además, siempre anduvo enamorado. También es muy importante querer mucho.

—¡Él sí que se divertía con sus cuentos, don sapo! —dijo la iguana.

—¡Como para que no! Si más de una historia la inventamos juntos, y por eso se va contento, porque le gustaba divertirse y se divirtió mucho.

—Cierto —dijo el piojo—. ¡Cómo se divertía!

—Pero nosotros vamos a quedar tristes, don sapo.

—Un poquito sí, pero… —la voz le quedó en la garganta y los ojos se le mojaron al sapo —. Bueno, mejor vamos a saludarlo por última vez.

—¿Qué está pasando que hay tanto silencio? —preguntó el tatú con esa voz que apenas se oía—. Creo que ya se me acabó la cuerda. ¿Me ayudan a meterme en la cueva?

Al piojo, que estaba en la cabeza del ñandú, se le cayó una lágrima, pero era tan chiquita que nadie se dio cuenta.

El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos, y murió.

Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío.

Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande.

Nadie dijo nada.

Sin hacer ruido, como si el ruido pudiera molestar, los animales se fueron alejando.

El viento sopló y sopló, y comenzó a llevarse las penas. Sopló y sopló, y las nubes se abrieron para que el sol se pusiera a pintar las flores. El viento hizo ruido con las hojas de los árboles y silbó entre los pastos secos.

—¿Se acuerdan —dijo el sapo— cuando hizo el trato con el zorro para sembar maíz?

Gustavo Roldán


Del libro Como si el ruido pudiera molestar (Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1998. Colección Torre de Papel; Serie Torre Roja)

Más sobre el autor en http://www.imaginaria.com.ar/02/3/roldan1.htm

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Acerca de habíaunaveztruz

Me llamo Lorena Udler y vivo en la misma ciudad donde nací, Rosario, Argentina. Soy docente en la escuela primaria pública, trabajé muchos años como maestra de grado y ahora soy directora. Me gusta leer y escribir desde niña. Mi familia me trasmitió el gusto por los libros y las bibliotecas. Cuando empecé a trabajar como maestra, aprendí mucho con mis alumnos y alumnas sobre nuevos textos y otras maneras de crearlos, inventarlos y jugar con ellos. Gracias a los chicxs, en definitiva, mi interés por la literatura aumentó y conocí más autores de la denominada “infantil y juvenil”. Todo esto me entusiasmó y me llevó a estudiar el postítulo de Literatura Infantil de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. La divulgación y la generación de espacios de promoción de lectura es uno de los motores principales de mi trabajo y en este blog. También me gusta mucho cantar y, por esa razón, he incursionado en la interpretación de música popular hace unos años. Todas las expresiones del arte embellecen mi vida. El cine y la plástica también son parte de mi pequeño universo. Así como la idea de que esta belleza necesita de justicia e igualdad de acceso para todxs es uno de los nortes de mi estar y mi hacer.

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